Los alemanes y la música
Al contrario de lo que cabría pensar, la mayoría de los alemanes guarda una estrecha relación con los españoles en lo musical. Porque ellos, al igual que nosotros, son unos horteras del copón. Basta echar un vistazo a sus listas de éxitos, sus canales musicales de televisión y sus anuncios de politonos para darse cuenta de que lo que les va a las masas teutonas es el dance chano, el rap de tercera regional (eso sí, con muchas tías buenas y negros malotes con toneladas de oro, como no podría ser de otra manera) y el rock pretendidamente contundente pero abiertamente moñas. Y encima, los cabrones exportan a Tokio Hotel y se quedan tan anchos.
Pero que nadie se lleve a engaño. Afortunadamente, la gran Alemania da para mucho más. Es la meca mundial del techno, uno de los paraísos del metal y un hogar de un sinfín de grupos de rock de primer nivel. Allí nacieron Kraftwerk, padres de la música electrónica tal y como la concebimos hoy. De allí son Blind Guardian, Helloween, Gamma Ray, Rage, Edguy y una interminable lista de reconocidas bandas de heavy. También es alemán el que hoy por hoy es el sello de metal más importante en Europa, Century Media. Otras bandas, como Die Toten Hossen o Beatsteaks han llevado al gran público los sonidos del punk-rock. En su día, nombres como Neu!, Cluster o Can contribuyeron a forjar todo un género propio, el krautrock, que merecería una serie propia. Alemanes son Rammstein, Atari Teenage Riot, Mouse on Mars, Einsürzende Neubaten, Lali Puna… Vaya, que tienen buena música para dar y tomar.
Un servidor se declara ferviente fan de Alemania. De su gente, de su paisaje, de su cerveza y de su música. De hecho, siempre pensé que Berlín sería la ciudad a donde, de no ser por el alemán, me iría a vivir una buena temporada. Viva Alemania. Siempre. Menos hoy.
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